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Pongámosle a prueba | Domingo XXV del Tiempo Ordinario

Mc 9, 30-37

Como ocurre generalmente en el Evangelio según san Marcos, el evangelista ha puesto mucha enseñanza en pocas palabras, pero es la primera parte de este Evangelio la que está en concordancia con el texto del libro de la Sabiduría y la carta del apóstol Santiago que escuchamos como primera y segunda lectura, respectivamente.

Hoy nos habla Jesús del camino que él va a seguir al llegar a Jerusalén donde va a ser probado por los fariseos y doctores de la ley (cfr. Sab 2,12.17-20). A veces, pensamos que todo el sufrimiento de Cristo fue algo que él escogió, como si dijera “me voy a meter solito a la boca del lobo”, pero su cruz, lo que él vive y padece, es la consecuencia de su fidelidad y amor al Padre. Él, el justo, el santo, sufre porque se opone a los planes del mundo, de los soberbios, de los que se resisten al proyecto de Dios y a la humildad, de las tinieblas que se incomodan ante la luz.

La cruz, el ser puesto a prueba, es el signo de este rechazo del mundo hacia el justo, pero más que eso, es evidencia de que nuestro cristianismo es visible y signo del triunfo sobre el mal. La cruz es certeza del amor que confía plenamente en el Padre, del hombre que se deja guiar por la sabiduría que viene de lo alto, donde la muerte a las envidias y rivalidades, al orgullo y la maldad procedentes de nuestras pasiones no es una derrota (cfr. St 3,16-4,3). Por ello Jesús menciona con plena seguridad que “tres días después de muerto, resucitará”, una verdad que celebramos todos los domingos, pues, ¡Jesús ha resucitado!

Hoy Jesús nos invita a no tener miedo a presentarnos como verdaderos cristianos y afrontar las consecuencias de la cruz y la ignominia, a confiar en él, pues no hay otro camino más corto y seguro al Cielo fuera del viacrucis. ¿Y de dónde sacar fuerzas para seguir al Señor por este camino sin desfallecer? La fuerza que han tenido todos los santos para soportar los sufrimientos se obtiene alrededor de la mesa del Señor, en la unión plena con Cristo en la Eucaristía fuente de donde emana todo amor y servicio a Dios y a los hermanos, porque nos hace partícipes de su misma vida divina.

¿Y a ti quién te pone a prueba? Les invito a mirar la película “Dios no ha muerto I”, una película cristiana interesantísima en donde la fe de un joven universitario y otros más personajes es puesta verdaderamente a prueba por quienes les rodean (amigos, novia, profesores, familiares, etc.). Ciertamente, es la vida la que nos pone a prueba, es la que prueba nuestra fe, así como se prueba el oro en el crisol. Que Dios nos dé las fuerzas y la gracia para que en el momento verdadero de la prueba podamos permanecer fieles.

Por José Reyes Venegas Gamboa

Segundo de Teología

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