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Todos llamados a estar con Jesús | Domingo XXVI del Tiempo Ordinario

En este domingo la Palabra de Dios en el evangelio de san Marcos nos presenta la segunda parte del capítulo 9 (9, 38-43.45.47-48), en continuidad con el pasado domingo. Después de que Jesús les dio aquella gran lección a sus discípulos en Cafarnaúm: «Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos»” (cfr. Mc. 9, 35), ahora en este domingo podemos descubrir tres grandes lecciones para nuestra vida cristiana:

  1. La salvación y pertenencia a Cristo es para todos.

Los discípulos se preocupan por los que expulsaban demonios en nombre de Jesús y no eran de su grupo. La petición de Juan revela la preocupación de los doce por mantener el control exclusivo del poder entregado a ellos. Los discípulos todavía no comprenden el mensaje de Jesús, solamente buscan el poder terrenal, pero para Jesús, la expulsión de los demonios y los milagros realizados “en su nombre” son signo de la vida de Dios regalada a los pecadores y oprimidos por el demonio.

Por lo tanto, la misión de la comunidad de los Apóstoles, y ahora de toda la Iglesia y todos los cristianos, es hacer que el Reino de Dios sea recibido por todos, sin monopolizar su vida, sin encerrarse en sí mismos, sin rechazar a nadie, independientemente de su condición social, política o religiosa, pues quien obra en nombre de Jesús no puede estar contra él.

  1. La buena recompensa por ser discípulos de Jesús.

Jesús les recuerda a sus discípulos que son servidores de todos, pero también les garantiza que los acogerán en nombre suyo, la gente los recibirá y los ayudará por el hecho de ser de Cristo. El vaso de agua representa la solidaridad y la aceptación de la gente por ser representantes de Cristo.

  1. No escandalizar a los humildes y renunciar al pecado.

La incitación al pecado o el escándalo preocupan a Jesús. Son acciones que obstaculizan la fe del hermano, que ponen en peligro la salvación. Por eso debe cortar aquel órgano; mano, pie, ojo, etc., que ocasiona el escándalo, es decir, cortar de raíz el pecado; las acciones, pensamientos, sentimientos y decisiones que llevan al pecado. Debemos luchar y esforzarnos por arrancar totalmente y desde la raíz el pecado que nos esclaviza.

Para Jesús, es mejor la muerte, que robar la fe a otro. Siempre será terriblemente grave poner en peligro y destruir la fe del corazón de los hombres sencillos, para Jesús es mejor perder la vida física que hacer perder la vida del alma, pues en la comunidad de Jesús no hay lugar para quien escandaliza.

Tarea para este domingo: compartir la palabra de Dios con nuestros seres queridos, (amigos, hermanos, hijos, papás, compañeros), invitándolos a vivir la Eucaristía y dando testimonio de palabra y con nuestras buenas obras de nuestra fe en Cristo Jesús.

Por Salvador Gaspar Ávila Flores

Segundo de Teología

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