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Santa María de Guadalupe, Madre de nuestro pueblo

Mirarte simplemente Madre

Dejar abierta solo la mirada

Mirarte toda sin decirte nada

Decirte todo, mudo y reverente

No perturbar el viento de tu frente

Solo acunar mi soledad violada

En tus ojos de madre enamorada

Y en tu nido de tierra transparente

Las horas se desploman; sacudidos

Muerden los hombres necios la basura

De la vida y de la muerte, con sus ruidos.

Mirarte madre, contemplarte apenas

El corazón callado en tu ternura

En tu casto silencio de azucenas

Hoy toda nuestra nación mexicana se alegra por celebrar a María siempre virgen, bajo la advocación de nuestra Señora de Guadalupe. Hoy María se encuentra presente en todos los rincones de la patria mexicana y en cada uno de los corazones de los mexicanos, porque todos sabemos que en este día veneramos con mucho amor a nuestra madre de Guadalupe.

María nuestra Madre ha cumplido el mandato de parte del verdadero Dios por quien se vive desde aquel 12 de Diciembre de 1531 cuando le dice a San Juan Diego que quisiese que le edificaran un templo, una casita sagrada, para ahí mostrar a su Hijo Jesucristo y su amor maternal. María sigue estando presente entre nosotros, porque muestra su amor de madre amorosa a todos los mexicanos y a todos los que a ella acuden.

Ella con sus manos juntas nos muestra que intercede a Dios por nosotros, y que nos espera a cada uno de nosotros para que llevemos la ofrenda de nuestros trabajos diarios, nuestras alegrías, nuestras penas y tristezas, porque en ella experimentamos a una madre llena de misericordia, porque se muestra compasiva para con nosotros que somos sus hijos, llena de ternura, como una madre que nos defiende y nos sostiene en nuestras debilidades.

Ella con su  mirada siempre de Madre amorosa nos muestra el resplandor que lleva en su vientre, a su Hijo Jesucristo y que es el único a quien debemos adorar y amar. Y este amor que María nos  muestra en su casa del Tepeyac de parte de su Hijo “hoy” nosotros lo hemos convertido en un grande desamor ante los acontecimientos que sufre nuestra nación, como lo son: el crimen organizado, la desunión de familias, el maltrato a la persona, secuestros, entre otros más… María nuestra Madre de Guadalupe nos reafirma que sigue estando firme, presente, que nos espera para que llevemos nuestras penas, angustias y dificultades y nos llenemos una vez más de la ternura de su amor para que de esta manera y en nuestra mente resuenen las mismas palabras que ella le dijo al indio san Juan Diego ¿NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY TU MADRE? ¿NO ESTAS BAJO MI SOMBRA Y MI RESGUARDO? ¿NO SOY YO LA FUENTE DE TU CONSUELO? Solo a ella es quien debemos recurrir, porque ella, es el único camino que nos conducirá a Jesucristo el Señor.

Y para mostrar este amor maternal que nos ha trasmitido María, lo debemos plasmar en nuestra persona. Es decir, ir al encuentro de nuestros hermanos, los más necesitados, y mostrar este amor en ellos, sin dudas, sin lentitud como lo hace María cuando va acompañar a su prima Isabel que estaba en los últimos meses de embarazo y no sentirnos privilegiados sino servidores. Así como María acompañó la gestación de embarazo de Isabel también nos acompaña a nosotros en esas dificultades como nación mexicana y también nos acompaña cuando nosotros queremos poner fin o solución a los sufrimientos de nuestro país. María nos enseña a que no debemos tener miedo, a no titubear, a que no debemos sentirnos menospreciados o que no valemos nada, como se sentía san Juan Diego para llevar el mensaje ante el obispo Zumárraga.

En el hoy y en el ahora somos las personas adecuadas para nuestro tiempo para ser como dice María “mensajeros muy dignos de confianza”, para trasmitir el amor de Dios, el Evangelio de Jesucristo.

Raudel Ríos Reyes

Tercero de Teología

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