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Tres grandes enseñanzas de Santa María de Guadalupe

El relato de la visitación (Lc 1, 39-48) sucede después de que María, por obra del Espíritu Santo concibe en su seno al Hijo de Dios. A través de este relato hay al menos tres enseñanzas que podemos aprender de ella.

1. El servicio.

Una vez que Jesús se ha encarnado en María, ella no permanece pasiva, sino que sale presurosa a ayudar a quien lo necesita, su prima Isabel. La llegada de María provoca tal alegría que Juan salta  de gozo en el seno de Isabel. Mil quinientos años después, en 1531, María vuelve a salir presurosa a visitar a quien lo necesita, un país dividido no solo por su raza sino también por su fe. María de Guadalupe se muestra como la unificadora, no solo por ser mestiza sino también por ser el puente que, iluminando las tinieblas de la idolatría, une la fe de los indígenas con la fe en el Verdadero Dios por quien se vive. Tal como Isabel quedó llena del Espíritu Santo y Juan saltó en su seno, así, españoles e indígenas se llenaron de júbilo ante el milagro que más tarde los unirá en un solo pueblo mexicano. Aprendamos pues a ser serviciales y a promover la unidad.

2. María nos lleva a Jesús

Llama la atención que Isabel no llame a su prima por su nombre sino que por primera vez María recibe el título de Madre del Señor. El título de Madre reclama la previa existencia de un hijo, de igual modo no puede haber un alguien que se diga Mariano si no es primero cristiano. María de Guadalupe aparece con un listón negro en su vientre indicando que está encinta; los rayos que circundan su figura provienen del Sol de Justicia que ella lleva en su seno purísimo; María no brilla por sí misma, ella es como la envoltura del regalo más grande que Dios nos ha dado, su propio Hijo. Aprendamos pues a llegar Jesús por medio de María.

3. Humildad

Después de recibir las alabanzas de Isabel, María hace con su cántico una profesión de humildad: “Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su sierva”. María de Guadalupe nos enseña a ser humildes poniéndonos por ejemplo a Juan Diego, un indígena pobre y sencillo que, siguiendo las indicaciones de la Virgen, se presenta ante el obispo, enseñándonos el respeto y amor a la Iglesia, y así se convierte en el instrumento por el que María se da a conocer como Reina de nuestra Tierra.

Que Santa María de Guadalupe plasme su imagen en nuestro corazón para que, teniendo siempre presente su ejemplo, logremos ser siempre fieles a Cristo, el Verdadero Dios por quien vivimos.

Luis Gerardo Ramírez Medina

Año de inserción pastoral

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