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EL MAL: LA GRAN INCÓGNITA EN LA VIDA DEL HOMBRE

La felicidad es algo que todos deseamos e intentamos buscar con los medios que tenemos a nuestro alcance: tener un buen trabajo, un buen salario, una buena casa, poder ir de vacaciones, formar una familia son diversas formas en la que la mayoría de los seres humanos intentamos lograr ser felices.

Hasta aquí parecería que no hay mayor complicación para lograr este fin, pero no todo puede ser miel sobre hojuelas y como siempre no falta el negrito en el arroz, que en este caso llamaremos «la presencia del mal». Esto puede sonar muy dramático, pero es una realidad a la que todos nos enfrentamos a lo largo de nuestras vidas: la enfermedad, la pobreza, la guerra, la delincuencia y la muerte misma, son situaciones que no podemos ignorar y que han cuestionado a la humanidad desde sus orígenes. ¿Por qué existe el mal?, ¿cuál es su origen y su finalidad?, ¿por qué no podemos evitarlo? son cuestiones que muchos filósofos y pensadores han intentado responder a lo largo de la historia.

            En esta ocasión analizaremos la explicación que san Agustín de Hipona, uno de los pensadores más importantes de occidente, da en torno al mal en el mundo y que durante siglos ha constituido un punto de referencia  obligada y que conserva toda su validez. Para el Doctor de la Gracia (así llamado) el mal lo podemos entender en tres planos: el plano metafísico – ontológico, el moral y el físico.

            En primer lugar (plano metafísico – ontológico), podemos decir que para Agustín el mal en sí mismo no existe en la creación; lo que existe son solamente diversos grados de ser en comparación con Dios que es el «Ser en sí». Podríamos decir en palabras sencillas que no hay cosas malas (no existen) sino que solo hay cosas que ­«tienen» menos o más ser, es decir se asemejan en menor o mayor grado a Dios; por eso algunas nos pueden parecer malas, pero en realidad todas tienen su razón de ser y algo positivo.

            En segundo lugar está el mal moral. Agustín dice que el mal moral no es otra cosa que el pecado que nace de la mala voluntad de las personas. Surgiría entonces la pregunta ¿cuál es el origen de la mala voluntad? El santo de Hipona sostiene que la voluntad no es mala por sí misma y que siempre tiende hacia el supremo Bien (Dios), pero en muchos casos la voluntad se detiene en bienes inferiores (dinero, poder, placer, tener) y de esta mala elección surge el mal moral, pues al buscar estos «bienes» no nos importa dañar al que tenemos al lado con tal de conseguirlos.

            Para finalizar, y aclarada la cuestión del mal en sí mismo y el mal moral, sólo resta un punto por aclarar, ¿cuál es el origen del mal físico en el mundo, es decir, de todos los males que el hombre sufre en su cuerpo? La respuesta del hijo de Mónica es la de un hombre que filosofa en la fe: el mal físico presente en el hombre es consecuencia del pecado original. Pero en un ámbito de fe hasta este plano del mal tiene un aspecto positivo en la vida del hombre. Hablando en el ámbito cristiano, cuántas personas logran aumentar su fe en Dios, reforzar los lazos familiares y darle sentido a su vida cuando una enfermedad o pérdida se presenta.

            El tema del mal fue uno de los que más preocuparon a San Agustín a lo largo de su vida, de hecho la dificultad que encontró para comprenderlo lo hizo migrar de una doctrina a otra buscando a una solución (fue maniqueo y escéptico). Al final, iluminado por la luz de Dios, logró encontrar una explicación que satisfizo su búsqueda en el pensamiento cristiano, llegando a convertirse en uno de sus defensores más férreos contra las herejías de los primeros siglos de nuestra era.

            También para nosotros «la presencia del mal» puede cuestionar lo más profundo de nuestra persona. Quién no se ha topado de frente con la enfermedad de un ser querido, cuántas noticias vemos todos los días de guerras, asesinatos y asaltos; cuántas veces hemos escuchado de desastres naturales que devastan pueblos enteros. Sin duda que todas estas situaciones pueden llegar a ser desesperantes y a reclamar a Dios una explicación, pero también debemos reconocer que hay grandes pensadores, como san Agustín de Hipona que nos pueden ayudar a comprender que el mal, como límite existencial, es algo inherente a la naturaleza humana y de esta manera experimentarlo, asumirlo y, si es posible superarlo, de una mejor manera.

Por Juan Carlos Betancourt Montes

Segundo de Discipulado

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