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La responsabilidad en el cuidado de la casa común.

Para comenzar está reflexión citaré las palabras de su santidad Benedicto XVI, en su encíclica Caritas in veritate, donde menciona “la solidaridad es, en primer lugar, que todos se sientan responsables de todos”. ¿Cómo podríamos hablar de responsabilidad dentro del contexto en cual estamos insertos? En ocasiones somos muy dados a escandalizarnos al oír hablar sobre la contaminación en los ríos, lagos o en el mar; además de la deforestación, la explotación de los recursos naturales y la extinción o caza de los animales. Para algunos, las realidades antes mencionadas son causa de grave preocupación, y motivo para tomar conciencia con acciones concretas, que interpelan a los responsables que, con sus acciones, ocasionan la extinción de los animales, desechan grandes cantidades de sustancias tóxicas o explotan los recursos naturales.

El contexto actual, en relación con la ecología, nos invita a examinar el compromiso que cada uno de nosotros asumimos en esta materia, de modo que seamos capaces de examinar nuestro nivel de compromiso y suscitar una conciencia responsable. El concepto de responsabilidad, últimamente se ha malentendido o simplemente se ha dejado de lado; muchos grupos empresariales, que con sus actividades industriales causan graves daños al medio ambiente, han preferido ignorar su responsabilidad. Hay actividades productivas, como la explotación desmedida de los mantos acuíferos o la emisión de gases de efecto invernadero que simplemente no pueden continuar, ya que causan un impacto negativo a nuestro planeta, y en consecuencia al prójimo. Sin embargo, los intereses económicos prevalecen, los consorcios se contentan con excusarse mintiendo sobre el impacto de sus prácticas o realizando campañas ambientalistas que solo se quedan en apariencias.

Por todo lo anterior, la categoría responsabilidad tiene que ser entendida como el auténtico compromiso de garantizar el bien para todos, sin poner los intereses económicos de unos cuantos por encima del bien común.

El Papa Francisco recuerda que la tierra, “es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos”. Reconoce que, aun frente a las actitudes y acciones en contra de nuestra casa común, también “se advierte una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza, y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestro planeta”. Esto permite una mirada de esperanza que atraviesa toda la encíclica: “La humanidad tiene aún la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común”; “el ser humano es todavía capaz de intervenir positivamente”.

Debemos recordar que el hombre es parte fundamental y culmen de la creación y naturaleza, pues ha sido creado por Dios a su imagen. El mundo, con todos sus ambientes, ha sido originado por la bondad y sabiduría divinas, de modo que el hombre, a pesar de su poder sobre la tierra no puede asumirlo arbitrariamente. Ya lo decía Platón, en su diálogo el Timeo “la naturaleza es algo ordenado” mientras que Aristóteles dice que “la naturaleza no hace nada en vano”. Por lo que, cada uno de nosotros debe tener siempre muy presente que estamos llamados a hacer uso con sabiduría y prudencia los bienes que se nos han dado en la naturaleza, y tampoco debemos olvidar que todos somos responsables de que nadie quede privado de disfrutar del don que Dios ha dado al hombre, al ponerlo en medio de la belleza de la creación.

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