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IRRADIAR ALEGRÍA Y PAZ

Mensaje de Navidad, 2018

¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz
a los hombres de buena voluntad!
Lucas, 2,14

¡Es Navidad! El mejor tiempo de la creación, la historia, la vida, la familia… de nuestro existir.

Te saludo con un abrazo fraterno y deseo a los tuyos la gracia de Dios, la alegría, la esperanza y la paz. Lo hago extensivo a las personas que te acompañan en el trayecto que recorres, en las circunstancias –cualesquiera que sean– de la historia que forjas entre sueños y dolores, corajes, esperas y búsquedas.

Gracias al Niño Jesús, hijo de Dios e hijo del hombre, nacido en Belén, entre pañales, recostado en un pesebre:

Podemos celebrar la alegría de la vida, su profundidad, su valía, su entorno, sus posibilidades casi infinitas…y su horizonte de plenitud. La vida generada por el amor y para el amor; por el amor más grande, más tierno, más divino y más humano: Dios con nosotros para que nadie camine en la vida sin rumbo, sin sentido, ni se sienta solo en el trajín de las luchas de cada día…

Podemos anhelar y cultivar la paz como fruto, expresión y compañera inseparable de la esperanza, la justicia, la solidaridad y la alegría. Gracias, Niño Jesús, por hacer realidad estos valores que nos humanizan, nos hacen hermanos en el camino, acercan a nosotros la gloria de Dios que fundamenta y sostiene la gloria de todo ser humano.

El acontecimiento de la Navidad nos anuncia la Buena Nueva de que la alegría y la paz son y pueden ser una radiante realidad si creemos en Jesucristo, lo contemplamos nacido para nuestra gloria, acostado en la tierra, con los brazos abiertos y la mirada llena de ternura, exquisita comprensión y solidaridad sin límite. Si aceptamos su abrazo nos podemos apropiar de la alegría y de la paz que cantan los ángeles y acogen en adoración los pastores y los Reyes de Oriente.

Ojalá pudiéramos meter el misterio y el espíritu de Navidad en nuestro corazón y en el de cada persona, y abrirlo cada día: en los cercanos y en quienes se han alejado; en quienes nos abrazan con su amor y en los que nos lastiman y dañan. En todos, todos, todos… El Niño, Dios con nosotros, nos hace hermanos; nos acaricia con el misterio del amor que es y se cultiva en la familia; nos invita a soñar en una humanidad reconciliada y en paz. Miremos el hogar de María y José: ahí se irradia la verdad y la alegría del amor; verdaderamente es hogar y escuela de paz.

Vivimos esta Navidad en un ambiente marcado, al mismo tiempo, por la esperanza y la incertidumbre, entre expectativas y temores. El país de todos y el que se construye cada quien en sus sueños y afanes está aquí, en las complejas circunstancias del presente, en las oportunidades y posibilidades del futuro.

Depende de nosotros qué rostro y dirección le demos; con qué valores éticos, morales y espirituales lo vamos a construir; con quien vamos a trabajar/servir; cuál es la intención final de nuestros afanes y fatigas.

Miremos de frente, con asombro, sin miedo, el entorno de la primera Navidad. Todo se forja en la dimensión más honda de la vida humana: la fe humilde, la pobreza, el compromiso, la esperanza, la audacia, la confianza. La familia de Jesús está unida, es sólida, trabaja en equipo, apunta hacia la misma dirección: vivir con serenidad la voluntad de Dios.

No olvidemos que lo mejor en la vida se forja en casa. Nuestra familia puede llegar a ser el mejor hogar/escuela en la construcción de paz y alegría.

Aprendamos de los Pastores y Reyes Magos a buscar hasta encontrar, a no desanimarse por más grandes que sean las dificultades. La fe confiada y comprometida los lleva a encontrar a quien es la Estrella: el Niño Jesús. Se dejan abrazar por el Misterio.

El encuentro con Él todo lo cambia. El camino de regreso es radiante, seguro, gozoso, constructivo. Aprendamos de ellos a ser perseverantes apóstoles de la esperanza, la alegría y la paz.

Que el Niño Jesús aleje de ti las tinieblas de la desesperanza y ponga la paz al alcance de tu corazón.

Que el Niño Jesús, Dios con nosotros, nos llene de alegría y nos haga mensajeros del Evangelio.

Que el Niño Jesús nos colme de su amor para que seamos artesanos alegres y eficaces constructores de la paz.

SANTA Y MISIONERA NAVIDAD, AÑO 2018

Obispo de/en Zacatecas

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