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La muerte como problema filosófico

El paso de la vida por este mundo siempre ha sido una controversia y una pregunta existencial en el hombre ¿Existe otra vida después de la muerte? Este tipo de cuestiones han preocupado al hombre de toda cultura a lo largo del tiempo. En nuestro caso, para las culturas prehispánicas, la muerte era un ciclo que formaba parte de la naturaleza, después de morir, se debía regenerar. Al llegar a este territorio culturas provenientes de occidente, este culto a la muerte se unió con la religión cristiana, y sincretizándose, dio lugar a lo que hoy conocemos como Día de Muertos.

Este problema abordado desde la antropología se manifiesta a partir de que se descubre que el hombre no sólo es uno más en el universo, como cualquier otra creatura, sino que él mediante su conciencia, sabe que algún día morirá. La consciencia nos permite asimilar, pensar, meditar que nuestra vida tiene un proceso, biológico y psicológico, que poco a poco deja de realizar las funciones vitales que le permiten seguir viviendo. En comparación a otros seres vivos que de manera inconsciente llevan a cabo y cumplen sus funciones biológicas sin ser conscientes de cómo o cuándo terminará su existencia.

El hombre está inmerso en una sociedad materialista que busca brindarle una felicidad y alegría pasajera, y que ha tratado de privarle de encontrar un verdadero sentido a su vida imponiendo un eudemonismo falso, llevándolo a buscar la felicidad en la tierra y no en una trascendencia después de la muerte. El filósofo Heidegger manifiesta que la muerte nos muestra el gran misterio del hombre, estar destinados a morir sigue siendo parte de nosotros. Sin embargo, dentro de nuestra religión la actitud que nos alienta es confiar en el trascender, que después de finalizar la vida terrera se nos permitirá tener un encuentro con nuestro Creador.

En términos metafísicos la muerte es la separación del cuerpo y del alma, que es aquello de lo que estamos compuestos, el primero de ellos pasa a formar parte de la tierra, mientras la otra parte pasa a la vida eterna. No obstante, en la actualidad el escepticismo trata de negar esta inmortalidad imponiendo un sinsentido a la vida, entonces se piensa en consecuencia ¿Para qué llevar una vida recta? Los jóvenes son quienes han sido blancos de esta corriente ideológica perdiendo el sentido de su vida, no buscando una trascendencia, cayendo en un vacío que los lleva incluso al suicidio.

Lo que podemos hacer es esperar ese momento en que nuestra vida por este mundo finalice, meditando ¿Realmente estoy aprovechando y viviendo rectamente, buscando la felicidad y alegría en Dios? Nos dice el papa Francisco “Esperanza de encontrarnos, esperanza de llegar a donde está el Amor que nos ha creado, donde está el amor que nos espera, el amor de Padre”; y que solo podemos encontrar confiando en que después de terminar esto que es pasajero, nos espera la verdadera vida preparada por Dios.

Luis M. Rodríguez Santos

Etapa de filosofía

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