Año Jubilar

¡Estamos de Jubileo!

El 18 de octubre de este año 2018 el Seminario Conciliar de la Purísima ha cumplido ya 149 años de formar pastores para esta Iglesia particular de Zacatecas. Ha sido en este día tan especial que se ha iniciado con un año jubilar.

Un año jubilar es un tiempo para alimentar la fe, y renovar el compromiso de ser un testigo de Cristo, además es una tiempo de invitación a la conversión. Para nuestra institución va a ser un año de gratitud a la bondad de Dios, que nunca ha dejado de proveer pastores para su pueblo durante estos casi 150 años.

Nuestra celebración comenzó con una “misa estacional” (como la que se tiene el Domingo de Ramos antes de la procesión), nuestro punto de encuentro fue en el pórtico del Convento de Ntra. Sra. de Guadalupe. En la celebración se ha Glorificado a Dios, el Rector, P. Ascensión Martínez, nos exhortó a agradecer y aprovechar este tiempo de gracia, escuchamos el Evangelio de San Lucas (4, 16-21) en el que Jesús proclama: el Espíritu del Señor está sobre mí… para proclamar el año de gracia del Señor.  Terminado el Evangelio iniciamos con una peregrinación que culminó frente a la puerta principal de la capilla mayor del Seminario para dar inicio al rito propio de la apertura de la Puerta Santa del jubileo.

El rito del jubileo inició con la apertura de la Puerta santa. Este acontecimiento significa que se abre un camino extraordinario hacia la salvación. El Sr. Obispo, Don Sigifredo Noriega, como pastor de esta Iglesia, fue el encargado de hacer la apertura de la puerta Santa, tocó tres veces con un martillo la puerta después de haber dicho: Ábranme las puertas de la justicia; entraré por ellas y daré gracias al Señor. En el rito estuvo también presente el Señor obispo emérito de Zacatecas: Don Fernando M. Chávez, también el equipo formador del seminario y decenas de sacerdotes que se congregaron en su casa por este acontecimiento. Una vez abierta la Puerta Santa, todos entramos al templo a través de ella.

Ya todos dispuestos para la celebración Eucarística, el Señor Obispo encendió el Cirio Jubilar, para resaltar la presencia de Cristo en el caminar de este año de gracia. También el Secretario canciller de la Diócesis, el P. Aurelio Ponce, dio lectura al documento por medio del cual el Señor Obispo decretaba un año jubilar para toda la Iglesia de Zacatecas. Acto seguido el seminarista Diego Ramón Camarillo proclamó el Pregón Jubilar en el que anunció el año de gracia para toda la Iglesia de Zacatecas, y que concluyó con el himno del Gloria a Dios en el cielo. Terminado todo esto la celebración continuó como de ordinario.

En la homilía el Señor obispo nos hizo reflexionar que iniciar estas festividades de 150 años no es para solamente quedarnos en el pasado, sino que recordemos el pasado, y que vivamos nuestro presente para desde ahora proyectar el futuro. Nos pidió que no nos estanquemos, porque el discípulo debe estar siempre en camino, poniendo la confianza en Dios. Nos recordó también que esta obra no es nuestra, sino que es de Dios; afirmó: los frutos de la construcción del Reino no van a depender de tus cualidades, van a depender de la escucha de la palabra de Dios y del esfuerzo de ponerla en práctica. El sacramento del orden es para servir al Pueblo santo de Dios. Todo esto parece muy sencillo, pero cómo tiene implicaciones. Nos explicó que las instrucciones del evangelio no han cambiado: No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias (cfr. Lc 10 1 -9) pero sí están cambiando el entorno y el contexto a pasos agigantados. Por último, nos pidió que en este año jubilar unamos el pasado con el presente y con el futuro, lo antiguo y lo nuevo… En este año jubilar unamos el tiempo y la eternidad.

¡Les anuncio una gran alegría!

Hoy inicia un Año de Gracia
para nuestra Iglesia en Zacatecas,
al celebrar con gratitud el peregrinar de 150 años
de este, nuestro seminario, casa que hace patente
la fidelidad de Dios a sus promesas.

Porque el Señor ya desde antiguo,
anunció, por medio de sus santos profetas,
que daría a su Pueblo Pastores según su Corazón.

Reconozcamos que el Señor es Dios,
que Él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño,
pues cuando llegó la hora, Cristo Jesús, el Buen Pastor,
dio la vida por nosotros,
constituyéndose así, Sacerdote Eterno de su Pueblo.

Porque el Señor, en su gran misericordia,
no deja de llamar a algunos de nuestros hermanos,
sacados de entre los hombres,
a ser servidores de su Pueblo,
mediante el don de su sacerdocio.

Estas son las maravillas que Dios nos ha manifestado,
y que desde hace quince décadas,
celebramos y vivimos como comunidad
que forma pastores según su Corazón.
Y, por eso, estamos alegres.

Celebremos hermanos, la alegría de ser Iglesia.
Y ser la Iglesia de Jesús, el Redentor del mundo.
Alabémosles y exultemos su gloria,
cantando todos, el himno de su alabanza.

            R: El Señor ha sido bueno con nosotros, y por eso estamos alegres.