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El testimonio es hoy | XXXIII Dom. Ord.

Vivimos tiempos difíciles, tiempos de cambio constante en todos los ambientes. La violencia, el hambre y el sufrimiento se hacen presentes, pero hay esperanza, fe y confianza en el Señor. Este domingo, la Palabra de Dios nos invita en la Liturgia de la Palabra a no tener miedo al tiempo que nos ha tocado y dar vida con nuestro testimonio.

Se llega el final del Tiempo Ordinario y las lecturas de este domingo hacen alusión al final de los tiempos. «¿Cuándo va a ser eso?, ¿cuál será la señal de que todo eso está por suceder?». Fue la pregunta hecha por los discípulos en el evangelio (Lc 21, 5-19).

Jesús en ningún momento comunica a sus apóstoles que el camino para seguirlo será fácil, que será un camino lleno de éxito y gloria, sino que les hace ver la realidad: «Os echarán mano, os perseguirán, entregándolos… por causa de mi nombre». Ante estas circunstancias que enfrentamos como cristianos de hoy, debemos centrarnos en lo esencial, en Jesús, pues él es quien nos ayuda («Os daré palabras y sabiduría»). Cada generación, cada cristiano desde su realidad y tiempo tiene dificultades y problemas concretos. Ante esto no hay que perder la calma, pues no se nos pide nada que este más allá de nuestras posibilidades.

Frente a esto, una llamada que recibimos tanto de San Pablo (2 Tes 3, 7-12) como del Evangelio, es el testimonio que debemos dar, pues cada día es propicio para ello. El tiempo en que nos ha tocado vivir es el indicado para dar el testimonio que Jesús nos pide: «Tendréis ocasión de dar testimonio». Pero, ¿qué tiene que ver el Testimonio con nuestro contexto? Que el testimonio no está destinado para llevarlo al final de nuestra vida, pues el vivirlo nos llevará a la gloria prometida de la Resurrección.

¿Y cómo debe ser nuestro testimonio en este tiempo? El mismo Jesús nos da la respuesta: tener como fundamento a Dios para que nuestra vida, que es el templo, no quede destruida por las adversidades del mundo en que vivimos. Jesús afirma que «no quedará piedra sobre piedra» y esto podría llevarnos a pensar que esto sucederá con la Iglesia, pero si vemos las cosas desde Dios la preocupación se transforma: ¿Qué va a ser del mundo? Ésta es la razón por la que debemos perseverar en un testimonio convincente respecto al mensaje de Jesús, perseverar buscando el Reino de Dios y no intereses propios que pueden tornarse egoístas e individualistas.

La historia de la humidad, nuestra historia, se extenderá, pero no faltarán momentos de crisis, de dificultades. Debemos ser conscientes de que solo al final encontramos la promesa de la resurrección, que lograremos alcanzar con un testimonio convincente.

Sergio Sánchez Huerta

Seminarista de Primero de Teología

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