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Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres | III. Dom de Pascua

Primero hay que obedecer a Dios, luego a los hombres. Es una frase que podemos interpretar de diferentes maneras. Por un lado, pongamos la vista en los mandamientos para vivir plenamente, pues no nos limitan; al contrario, nos abren el horizonte, pues nos ayudan a un crecimiento personal y, además, lo podemos hacer con nuestras acciones en favor de los demás, y así damos testimonio. Por otro lado, podemos meditar en estas palabras y ver que Dios se hace presente en nuestros papás que son las primeras personas a obedecer, así como nuestros representantes inmediatos que buscan un bienestar social. No son seres perfectos, son seres limitados y no por esto nos da lugar a juzgarlos sino que nos invita a ver la obediencia a Padre Dios.

¿Me amas?

Es una pregunta fuerte que todos en alguna vez nos hemos planteado o nos han planteado, podemos responder de una manera rápida, pero, si lo meditamos, nos damos cuenta que no es algo superficial, el decir sí contrae una responsabilidad pues implica un análisis interior y no una mera racionalidad, una unidad de sentimientos, emociones y racionalidad. Hoy Jesús nos hace la pregunta y nos invita a meditar antes de responder, sin duda Él ya conoce nuestro interior, aun y con ello, no viola nuestra libertad sino que nos da el tiempo necesario para responder ya sea desde nuestras actividades, nuestra vida cotidiana o de rodillas ante Él.

La pregunta va unida a la afirmación de obedecer a Dios antes que a los hombres, el detalle es que no es una orden sino una pregunta, de acuerdo a la respuesta es cuando nos invita a actuar ya sea a corto, mediano o largo plazo de acuerdo a la seguridad que tiene nuestra respuesta. Esta respuesta con nuestras acciones positivas posteriores podemos fortalecerla pero si estas acciones son negativas es muy seguro que la respuesta la debilitemos, incluso podemos correr el riesgo de llegar a cambiar de respuesta.

Padre Dios día a día nos invita a confiar en nosotros mismos, Él confía en nosotros, la pregunta aquí es, ¿yo confío? En Dios y en mí. De  acuerdo a la confianza será la respuesta de a quién amo, y a quien obedezco.

Julio Montoya Gallegos

Seminarista de segundo de Teología

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