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¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! | Domingo de la Resurrección del Señor

Domingo de Pascua, un día de alegría y gozo, pues estamos saboreando los frutos de nuestra salvación. Hoy es el día más especial de todo el año litúrgico, pues el Señor ha resucitado de la muerte y nos da vida a todos. Por ello, vamos a reflexionar en tres actitudes que podemos asumir en este día de fiesta y en todo el tiempo de la Pascua:

• Testimoniar. Hoy más que nunca nuestro mundo necesita que nosotros cristianos seamos testigos auténticos del Señor Jesús. ¿Cómo vamos a lograr eso? realizando en nosotros lo mismo que hacia Cristo: hacer el bien, devolver la vida y erradicar la muerte. Hoy necesitamos distinguirnos como hombres y mujeres al servicio de los demás. Somos los nuevos apóstoles que queremos gritarle al mundo que Cristo está vivo y que nos hemos encontrado con Él, y que tanta es la alegría y paz interior de nuestro encuentro que queremos compartirlo con todos.

• Renovación interior. La celebración de hoy nos recuerda que, una vez encontrados con Cristo resucitado, ya no podemos seguir siendo los mismos. Necesitamos renovarnos y pasar de los vicios que pueda tener nuestra vida a una vida llena de virtudes. Así, dejando todo lo malo y haciendo nuestro lo bueno, seremos cristianos que por nuestras actitudes y obras renovemos nuestro mundo con el fuego de la caridad.

• Mensajeros. En el evangelio (Mt 28, 1-10) se nos narra cómo María Magdalena y la otra María, al ver que el sepulcro estaba vacío y recibir de parte del ángel el anuncio de la resurrección, echaron a correr para dar la noticia a los apóstoles. Hoy agradecemos a todas las mujeres porque gracias a la mayoría de ellas nosotros tenemos fe: nuestra abuelita, nuestra mamá, nuestras tías son parte fundamental en nuestra vida cristiana y sin duda que eso es de agradecer. Esta tercera actitud nos invita a trasmitir el mensaje que todo el mundo debe saber: Dios es amor, Cristo ha resucitado y nos ha dado vida en abundancia. Estamos cansados de escuchar noticias negativas, es necesario darle una frescura al ambiente negativo de nuestra sociedad, con la fuerza de Jesús seamos luz del mundo y sal de la tierra.

Vivamos, pues, con mucha alegría y gozo este día lleno de fiesta y no olvidemos que somos parte de un reino de vida, y que la muerte no es más que un paso que todos algún día daremos para encontrarnos con Dios cara a cara. Sigamos dando la vida que Cristo nos da, seamos mensajeros de paz y bien en nuestro mundo. Vivamos al máximo esta pascua que es la Pascua del Señor, el paso de la muerte a la Vida, démosle un sentido nuevo a nuestra vida y renovemos nuestro compromiso de cristianos enamorados de Dios.

Marco Antonio Ureño Arriaga

Seminarista de primero de Teología

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