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Seamos auténticos | XXVI Dom. Ord.

La meditación del evangelio de este domingo nos presenta las actitudes de dos hijos que alegóricamente se les pide el servicio en una viña (Reino de Dios).

La actitud del primer hijo es una mera forma que aparenta obediencia, pues responde a su padre con un «sí», sin embargo su acción es incorrecta con lo que ha dicho puesto que olvida el mandato, el hijo no obedece, se olvida de la encomienda de su padre a pesar de haber respondido afirmativa en un primer momento.

¿Qué podemos decir de esto hoy? Así como nuestro Señor algunas veces utilizó el término  «hipócritas» o «sepulcros blanqueados» entre otros, él mismo nos está invitando a ser auténticos, que aquello que decimos corresponda con lo que hacemos, podemos pensar en muchos actos de piedad en las que manifestamos un amor muy grande pero que después en las acciones concretas de nuestra vida desaparecen.

La segunda actitud presenta a un hijo sincero quien al escuchar el mensaje de su padre le responde con un rotundo «no», pero después se arrepiente, y confiando en lo que su padre le ha dicho se dirige con prontitud a realizar lo pedido con un espíritu de auténtica conversión.

Por ejemplo, podemos decir que Jonás le dijo que no al Señor y huyo de él, pero reconoce lo que ha hecho y va a hacer lo que Dios le ha pedido aunque no le guste ni le parezca del todo, él obedece, así podemos hablar hoy de un sinfín de personas que quizás han respondido con un no, pero en el camino de su vida se arrepentirán y obedecerán a Dios. En este sentido ¿quiénes somos nosotros para juzgar a los demás? Jesús está criticando a los fariseos o sacerdotes que se supone que le dijeron a Dios que sí, pero sus acciones no corresponden con ese esa respuesta

Jesús critica la situación de Israel que ha rechazado a los enviados de Dios y al mismo mensaje de Cristo, aquellos hombres que han escuchado la buena nueva pero que no han hecho caso de lo que se les ha revelado, es decir se dirige a los sacerdotes y escribas. En cambio algunos pecadores públicos como publicanos y prostitutas, entre otros, no han obedecido en un primer momento pero se han convertido y han vuelto a su Padre.

Esto debe interpelarnos y ponernos a pensar si somos verdaderos creyentes o si somos solo apariencia como aquellos sacerdotes y ancianos del pueblo que han dicho sí, pero se niegan a creer. En mi vida personal ¿soy de los cristianos que no son coherentes con lo que predican? Ya que son los hechos los que unidos a la oración constante hacen que cuente en nuestra vida la respuesta que le damos al Señor, a esto nos invita Jesús, no solo a creer con palabras sino también que nuestras acciones sean un reflejo de nuestro ser cristiano, nunca es tarde para arrepentirnos si hemos estado apáticos e incoherentes, Dios siempre nos ofrece la oportunidad de dar un rumbo nuevo a nuestra vida, necesitamos coherencia entre el hablar y el actuar para alcanzar la perfección cristiana.

 

Por Pedro Ramón Alvino

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