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Sean santos, pues yo soy santo | XXXI DOM. ORD.

Reflexión del domingo 1 de noviembre del 2020

Hoy domingo 1 de noviembre del 2020 las lecturas nos hacen entrever o comprender la fiesta que hoy celebramos, el día de “Todos los santos”, ella nos hace recordar la tarea que toda persona tiene: llegar a la santidad. A ejemplo de esta tarea tenemos un acontecimiento que aún nos sigue interpelado, la beatificación de Carlo Acutis, joven entregado a la evangelización por las redes sociales.

Las lecturas de este día nos denotan un ambiente donde encontramos paz y tranquilidad, un lugar ante la presencia de Dios. Jesucristo es el que nos abrió las puertas para estar ante la presencia del Padre, gracias a su vida, palabras, obras y entrega, hemos recibido esa gracia, nos ha liberado del mal, este punto nos lo afirma la primera lectura del libro del Apocalipsis, Cristo es el cordero de Dios, pero no está sólo sino que en esta escena, podemos ver la participación de distintas personas, la muchedumbre de todos los santos.

Cuando pensamos en la santidad, lo imaginamos como algo muy lejano o muy alto que solo muy pocos logran alcanzar, y es normal creer esto, pues influye la vida de los santos que nos han contado desde muy pequeños, ya sea familiares o conocidos, o que ya de grandes hemos escuchado alguna vez, sin embargo es triste saber que solo con eso nos quedamos, un grave error, ya que la santidad inicia desde lo más bajo, desde lo más cercano a nosotros, es desde nuestras obras. ¿Cómo que por nuestras obras? Claro que sí, el Salmo 23 del día de hoy nos lo afirma, pues nuestras obras deben reflejar el amor a Dios, a nosotros mismos y el amor hacia el prójimo, todas estas obras deben estar relacionadas a estos tres puntos, desde el detalle más pequeño hasta la obra más grande.

También si aun se nos presentan dudas sobre este tema podemos ver el Evangelio según san Mateo 5, 1-12 donde Jesús nos enseña cómo debemos llevar la vida, lo que en realidad es lo correcto y lo verdadero, pero Cristo tiene en cuenta la libertad del ser humano, pues no es una obligación, únicamente es una invitación para nuestro bien. Recordemos que en el libro del Levítico 11, 44 nos dice: sean santos, pues yo soy santo; es una invitación para todos.

Por   Pedro Rolando Ortega Castillo

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