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El Santo Rosario en la vida del seminarista

Desde pequeños nos enseñan a orar a nuestra madre María, pero al crecer corremos el riesgo de irla olvidando poco a poco. Muchos cristianos rezan constantemente a la Madre de Dios pues son conscientes de que ella es su intercesora ante Dios en el camino de la vida. De igual manera, para el seminarista la Virgen María es la guía que va iluminando el caminar de su vocación. Es como ese faro que les indica a los navegantes hacia dónde llegar, teniéndola como medio para acercarnos a su Hijo Jesucristo. El amor de María hacia nosotros es muy grande, un amor que nos lo demuestra desde la sencillez, la humildad y el servicio.

Así pues, para el seminarista la oración con María es importantísima porque aprendemos a ser obedientes como lo fue ella: “Hágase en mi según tu palabra” (Lc 1, 38). ¡Qué gran ejemplo de entrega!: una entrega de amor por Dios. Sin duda alguna todo seminarista quisiera tener esa voluntad de María, ese corazón enorme; el querer servir a Dios sin importar nada, sólo la voluntad del Padre. Por esto el encomendarse a la intercesión de nuestra Madre es muy importante. Ella nos impulsa y nos motiva a estar dispuestos a darle al Señor todos los días una respuesta que salga verdaderamente del corazón.

El rosario es la oración en la cual en cada misterio recordamos a nuestro Señor Jesucristo, pero no sólo se queda en un recuerdo, sino que nos unimos con María para alabar a nuestro Señor mostrándonos con humildad como sus siervos. A la vez, es el acompañar a nuestra Madre recordando esos misterios que con todo el amor de nuestro corazón meditamos para amar a Jesús así como lo ama María.

Para amar a Jesucristo debes portar el Rosario en la mano y amar a María; orar con ella, y así, tener por seguro que ella se acordará de interceder por todos y cada uno de nosotros, pues ya lo dice San Bernardo de Claraval: “Pide a María con devoción, ella no dejará sin atender a tu necesidad, puesto que es misericordiosa, aún más, la Madre de la Misericordia”. Tenemos pues que tener en claro que la oración a María es muy importante para seguir siempre unidos a Jesús.

Por Ulises Araiza Soriano

Curso Introductorio Diocesano

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