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II DOMINGO DE ADVIENTO

“Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”

En este domingo el evangelio nos prepara a la venida del Salvador  con una invitación muy fuerte a la conversión. Una figura austera y, en cierto sentido, violenta es Juan Bautista, quien tiene la misión de anunciar un mensaje urgente, de fundamental importancia: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los Cielos”. La intervención de Dios está cercana, y Juan lo presenta durísimo en relación a todos los pecadores. Vienen a él muchos fariseos y saduceos para ser bautizados. Ellos tenían la fama de ser personas de bien; pero Juan les acusa con fuerza: “Raza de víboras”. El profeta lee sus corazones y ve que en realidad ellos no son profundamente dóciles al Señor. 

Puede comprender fácilmente que “las personas buenas” sean en el fondo de su corazón orgullosas, llenas de soberbia, satisfechas de sí mismas, personas que en realidad no son dóciles a Dios, sino que buscan solamente su satisfacción y llevar adelante sus proyectos.  Juan crítica duramente a estas personas: “¿Quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda?” No es suficiente ser bautizado, sino deben “hacer frutos dignos de conversión”. Es decir, la conversión no consiste solamente en simples ritos religiosos, sino en una transformación profunda de la persona, la cual pasa de la indocilidad a Dios a una sincera obediencia a él en todas las cosas, en aquellas más importantes de la vida como en las más pequeñas. 

Para nosotros es difícil realizar esta conversión, porque estamos fuertemente apegados a nuestra voluntad, a nuestro amor propio y somos muy hábiles en esconder estas actitudes bajo la apariencia de bien. Juan Bautista denuncia a los fariseos y saduceos que vienen a él: “No se hagan ilusiones pensando que tienen por padre a Abraham”. Ninguna etiqueta tiene valor delante de Dios, el cual conoce lo íntimo del corazón. Después Juan anuncia el juicio de Dios: “ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé fruto, será cortado y arrojado al fuego”. Debemos escuchar estas palabras con un vivo deseo de conversión, de progresar en la docilidad a la voluntad de Dios, renunciando a nuestro amor propio y a nuestras pretensiones personales, para corresponder a los proyectos de amor que Dios tiene para nosotros. 

Por otra parte, Juan Bautista anuncia la venida de uno más grande que él. Juan presenta al Mesías, que debe venir, como un juez. Pero sabemos que la manifestación de Jesús no corresponderá a esta predicción del Bautista. Jesús no se presentará inmediatamente como un juez, sino como un hombre lleno de misericordia divina. Él anunciará también el juicio, pero en un segundo momento; en un primer momento está la oferta de la misericordia divina. 

La primera lectura nos habla del Mesías en términos que entusiasman. El Mesías estará lleno del Espíritu Santo. Su obra será una obra maravillosa de salvación, especialmente a favor de los pobres y de los oprimidos. Incluso viene descrita en términos ideales, con imágenes muy sugestivas. Todo esto supone evidentemente el rechazo del mal. Esta visión de Isaías nos llena de esperanza y de alegría. Es una visión ideal, de no fácil actuación, pero hacia la cual debemos siempre tender. 

San Pablo, en la segunda lectura, declara que Cristo ha venido a traer la salvación también a las naciones paganas. No debemos olvidar que también nosotros formamos parte de las naciones que eran paganas. Por eso, debemos glorificar a Dios por su misericordia hacia nosotros.

La solemnidad de Navidad, que se acerca, despierte en nosotros una maravillosa esperanza en el proyecto de Dios, que, a pesar de todas las dificultades que hay en nuestro mundo siempre atropellado por tendencias malvadas, de violencia y de hostilidad reciprocas, tal proyecto se realiza en Jesús. El Señor viene para salvarnos y, en la medida en la cual en la fe abramos a  Él nuestro corazón, podemos estar seguros de ser verdaderamente salvados, de obtener la alegría, la paz y la plenitud del amor y de contribuir, con la gracia de Dios, a la transformación positiva del mundo.