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Aprendiendo de quienes han seguido al Señor

Hola mi nombre es Javier Martínez Zárate, estoy en la etapa del Curso Introductorio y ahora me ha tocado la oportunidad de compartir una de tantas experiencias dentro del seminario. Dia a día me he sentido muy feliz y contento al lado de mis compañeros y junto con mis formadores el padre Daniel Rayas y el padre Fernando Torres, que han sido de mucha ayuda en mi discernimiento vocacional.

Bueno comienzo a contar una de mis experiencias aquí en el seminario: hace aproximadamente un mes fuimos a pastoral con las religiosas Hijas del Sagrado Corazón de Jesús y de Santa María de Guadalupe ya retiradas o en descanso por su edad avanzada, ese día desde que llegamos a la casa de retiro las madres se pusieron muy contentas por nuestra visita. Empezaron a aplaudirnos ya que estaban muy emocionadas y cada uno de nosotros las fuimos saludando una a una, fue tan bonito haberles saludado como una forma de respeto hacia ellas por haber realizado esa gran y maravillosa labor durante tantos años; ya que algunas se dedicaron a impartir la educación, a otras les tocó realizar misiones durante toda su vida desde que iniciaron en su estado como consagradas por muchos lugares, algunos de ellos son: México, Roma, España, Nicaragua, Costa Rica y Estados Unidos; donde ellas han desempeñado su gran labor evangelizando, catequizando y realizando buenas obras para con los demás.

Ese día convivimos con algunas de ellas, a mi me tocó platicar con 2 hermanas en especial, y me llamó la atención conocer su vocación y cómo fue que escucharon el llamado de Dios para ser religiosas en esa congregación. También para animarnos a seguir con la vocación, y vaya que lo hicieron y mucho, alguna de ellas me platicó que tenía sobrinos que son sacerdotes, motivo que le daba mucha alegría. Fue muy bonita esa experiencia de pastoral vocacional pues me di cuenta que la vocación es algo maravilloso cuando le respondemos a Dios con alegría, en nuestro caso a ser sacerdotes.

También me sentí muy contento por haber realizado ese trabajo con mis compañeros ya que les teníamos una sorpresa para todas ellas, cantamos y algunos recitaron poemas, entre otras cosas. Una de ellas me comentaba que entró al postulantado a los 18 años, pues por medio de una invitación empezó a conocer la vida consagrada y le llamó la atención, por lo que decidió atender al llamado de Cristo.

Ojalá y les haya gustado esta experiencia que he contado, que personalmente fue muy marcada en mi vida, ya que en ella encontramos el amor que nos tiene Jesucristo. Me resta invitar a los jóvenes a escuchar el llamado de Cristo, ya que el seminario ha sido algo maravilloso para mi siguiendo a nuestro señor Jesucristo día a día.

Jesús es amor, caridad, y felicidad. Mi todo por quien se vive y quien es nuestro señor bueno y misericordioso.

Javier Martínez Zárate

Seminarista del CID

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