Categories: Vida de Seminarista Leave a comment

¡Recibí mi sotana!

¡Hola! ¿Qué tal?

Mi nombre es Damián Román Carreón, tengo 18 años de edad. Soy de la comunidad de Santo Tomás, Ojocaliente, Zacatecas, que pertenece a la cuasi parroquia de San Pablo y Pastoría. Soy seminarista del Curso Introductorio Diocesano (etapa de discernimiento vocacional, así como preparación para los estudios filosóficos en el seminario mayor) desde hace 5 meses.

Desde niño tenía la ilusión de ser sacerdote. Mis papás y abuelos me motivaban para que yo en un futuro fuera sacerdote, incluso mis abuelos me decían que yo me parecía al sacerdote de la parroquia, que en ese tiempo era el padre «Harito». Conforme fue pasando el tiempo desatendí esa ilusión que mis padres me habían infundido e inculcando. Cuando yo estaba a punto de terminar mis estudios de secundaria sentí nuevamente ese llamado o estas ganas de entrar al Seminario, pero la verdad es que no me importó mucho hacerle caso a esta ilusión, no le hice tanto caso porque tenía mucho miedo de ingresar, esto debido a que temía apartarme de mi familia y dejar mi casa, esto la verdad se me hacía muy doloroso, por eso mejor opté por entrar a la preparatoria en el municipio de Luis Moya. En pocas palabras fui muy cobarde para poder ingresar y dejar todo.

Mi estancia en la preparatoria creo que fue una de las mejores etapas de mi vida, en la cual nunca pensé entrar al seminario. Pasados dos años en la prepa jamás me puse a pensar qué es lo que yo quería para mi vida. En el último año de preparatoria llevé una materia que se llamaba orientación educativa, en esa materia tenía que hacer un proyecto de vida, es decir, lo que yo quería hacer de mi vida. La verdad me costó mucho poder encontrar algo que me llenara y me hiciera feliz, entonces al final opté por entrar a una carrera en el Tecnológico de Zacatecas. Pero también sentía que mi lugar y mi alegría era en otro lugar. La verdad nunca supe que esto era una voz interna en la que Dios me estaba invitando para el bien mío y de sus hijos. Se llegó el momento de mi graduación de la preparatoria y no estaba conforme con la carrera que tomé. Se llegó el mes de julio en el que tenía que ingresar a la universidad y no me sentía aún a gusto; entonces, por medio de publicidad me enteré de que habría un preseminario en ese mismo julio del 2018. En el preseminario nosotros podríamos ingresar al seminario por una semana para podernos dar una idea de lo que es. Yo vine a experimentar esta aventura y la verdad es que sí me sentí muy pleno y muy alegre al estar aquí; entonces creo que en esa semana descubrí que esa voz interna era la voz de Dios que quería que ingresara seminario.

Es verdad que me costó mucho dejar tantas cosas, entre ellas la carrera que tenía pensada estudiar, así como mi familia. Y pues al final mejor opté por entrar aquí al seminario para poderme sacar estas dudas y experimentar si realmente es lo que Dios quería para mí. Además, una de las grandes cosas que me impulsaron a ingresar fue que yo me imaginaba como seminarista con una sotana, así como con las actitudes y las actividades que tenían los seminaristas.

Actualmente me encuentro en el seminario, contento y feliz porque estoy consciente de que estoy respondiendo a ese llamado que Dios me hizo. En estos 5 meses he experimento grandes cosas tales como alegrías, tristezas y de todo tipo de sentimientos. Todo ese tipo de sentimientos fusionados, me han hecho salir adelante en el seminario.

El 25 de enero recibí la sotana junto con mis compañeros en la fiesta de la Conversión del Apóstol San Pablo. Respecto a la sotana, yo me siento con mucha emoción. Emoción al pertenecer a la familia del seminario y aún más por corresponder al llamado que Dios me está haciendo. Tengo muy en claro que es un signo seminarístico, esto no significa que me voy a sentir más que los demás, sino que, al contrario, me sentiré más pequeño que los demás para poder servir en lo que se pueda.

Me siento también:

  • Con ilusión porque la sotana fue uno de mis impulsos para entrar al seminario.
  • Con mucho compromiso para seguir buscando y profundizando más este llamado que Dios me ha hecho.
  • Siento que me motiva también a ya no hacer las cosas igual, como las que yo solía hacer antes de entrar al seminario, ya que, con el paso del tiempo, al portar la sotana, iré imitando actitudes de Cristo para así irme formando como sacerdote.

Gracias y muchos saludos. ¡Dios los bendiga!

Damián Román Carreón

Seminarista del CID

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *